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Destilando fantasmas (Editorial Agua Clara, 2007)

 

Bonn (Alemania), 1935. Durante otra noche de cristales rotos, el azar —si es que el azar existe—, lleva a tres profesores universitarios a encontrar un legendario diamante perdido.

Ohio (EE.UU.), 1995. Por azar, en una inmensa biblioteca universitaria, un estudiante español repara en las extrañas marcas del libro que consulta, se obsesiona con ellas, contagia esa obsesión a sus compañeros y, poco a poco, de libro en libro —pues un libro lleva a otro, y este a otro y a…—, el grupo se encuentra involucrado en la espiral de una investigación, en el descubrimiento de una sorprendente y oscura trama diseñada muchos años antes para ocultar un secreto que solo dificultosamente podrá ser descifrado.

Localizada en Ohio, Lanzarote y Madrid, Destilando fantasmas (que es también una declaración de amor a los libros) da cuenta del modo en que el azar alterará la aburrida y monótona rutina de los protagonistas —las clases, los estudios, sus relaciones sentimentales—, sumergiéndolos (y sumergiendo a los lectores) en una trama enrevesada y peligrosa que terminará esclavizándolos y… amenazándolos.

Después —¿por azar?— ninguno de ellos volverá ya a ser el mismo.

Sobre ella han dicho…

 

 

La novela de Eco es un espejo al que este Destilando fantasmas acude con frecuencia. Diferencias fundamentales, que van mucho más lejos de la mera formalidad, las separan. La más grande es el tiempo de la historia. Pensemos en la línea temporal que recorría Adso y en la que recorren aquí los protagonistas. La primera se ciñe a la investigación, la segunda abraza más. La primera mira hacia sí misma, la segunda hacia atrás. Esto significa: una es un punto de partida y otra un inventario, con un eco, por otra parte, acertadísimo.

 

                                                                                                                Israel Quílez, Información.

 

 

 

La cuidada prosa de Payá se ha sometido en esta ocasión a la eficacia de los diálogos alternados con breves descripciones o excursos reflexivos que proporcionan cierto reposo al vértigo de acontecimientos.

En contraste con su primera novela, dedicada a la España rural, esta se caracteriza por un ambiente cosmopolita y una estructura más compleja que debe sus principales elementos constructivos a la literatura policiaca, a cuyos clásicos dedica por cierto el autor frecuentes alusiones.

 

                                                                                                                   Miguel Catalán, Revista Lletres Valencianes.

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